Durante el verano, las personas que presentan deterioro nutricional (desnutrición, riesgo nutricional, enfermedades crónicas, adultos mayores) pueden enfrentar riesgos adicionales que agravan su estado. En este Blog abordaremos los principales.
Es el riesgo más frecuente, causado por el aumento de pérdidas de líquidos por sudor y la disminución de la sensación de sed, especialmente en adultos mayores. En ocasiones, se acompañan de mareos, confusión, estreñimiento y empeora la función renal. En pacientes desnutridos, la deshidratación puede aparecer rápidamente y con consecuencias graves.
El calor suele provocar menor ingesta de alimentos, preferencia por comidas ligeras o poco nutritivas. Esto reduce aún más el aporte de energía, proteínas, vitaminas y minerales, lo que puede llevar a pérdida de peso y masa muscular, aumentando el riesgo de sarcopenia. Ademas, empeora la movilidad, la inmunidad y la recuperación funcional.
El sudor excesivo puede provocar la pérdida de sodio, potasio y otros minerales, generando debilidad, calambres, fatiga y alteraciones cardíacas, especialmente en pacientes frágiles.
Las altas temperaturas favorecen la descomposición de los alimentos, con mayor riesgo de diarreas, vómitos e intoxicaciones alimentarias. Esto empeora la absorción de nutrientes y acelera la desnutrición.
En pacientes con deterioro nutricional, especialmente durante el verano o en el contexto de enfermedades crónicas, los suplementos orales de uso medicamentoso son una herramienta clave. Las estrategias deben enfocarse en mejorar la ingesta, la tolerancia y la adherencia, sin desplazar la alimentación habitual.
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